5 Rumanos agredidos por falso intento de rapto

Nada les hizo pensar que la búsqueda de un taller donde pensaban comprar otro coche iba a terminar como terminó para estos cinco chicos de origen Rumano.
Todo ocurrió el pasado lunes en Guadalcázar en Córdoba, cuando los cinco jóvenes pararon su coche ante un portal donde un chico de 11 años esperaba a sus padres, para preguntarle por el citado taller.

El niño se asustó y corrió a avisar a su tío de que le querían secuestrar. Aquí comienza una persecución digna de cualquier película policíaca.
Los cinco jóvenes fueron perseguidos por otros coches hasta que consiguieron atraparles en la carretera A-305.


Según el testimonio de Stancio Marin, dos coches por delante y otros dos por detrás les hizo detenerse. Acto seguido una veintena de vecinos de Guadalcázar los obligó a salir del coche, rompiendo uno de los espejos retrovisores, una vez fuera, cargaron contra los cinco jóvenes a golpes y patadas.

Según testificó Stancio, los vecinos se volvieron locos, se abalanzaron contra nosotros a golpes. El fue uno de los que más golpes recibió tal y como podemos observar en el examen medico que le hicieron después. Sufre policontusiones en la cara y la espalda lo que le impedirá trabajar con normalidad recogiendo naranjas en el campo, labor a la que se dedica hasta el momento.

Uno de los chicos asegura que un policía local presente, no se interpuso ni pidió a los vecinos que dejaran de golpearles, fue una patrulla de la Guardia Civil la que puso orden y se llevó a los cinco inmigrantes al cuartel.
Tras muchas investigaciones y declaraciones de testigos e implicados, se llegó a la conclusión de que sobre los inmigrantes sólo pesaba el testimonio del niño de 11 años que mantiene que "le miraron mal".

Los cinco fueron puestos en libertad, tres horas después, ya que no se observó ningún acto delictivo por su parte, tan sólo una alarma social en el pueblo.
Stancio Marin esta indignado tachando el acto de racismo ilógico y prepara su denuncia contra estos vecinos para ser llevados ante el juzgado.

Casos de secuestro como el de Madeleine y la cantidad de noticias referentes a las mafias extranjeras que se están acomodando en nuestro país, generan una alarma social que ya llega a limites tan insospechados como nada permisibles.

Entendemos que ante una situación de riesgo real o no, existe una reacción como medida de prevención, pero los hechos de este caso rozan lo increíble, como si de una cruzada se tratará, los vecinos arremetieron contra los cinco inmigrantes que ya se encontraban los suficientemente lejos como para asegurar que el niño no corría peligro, un peligro que jamás existió.

Este es uno de tantos resultados de una alarma social cada vez más creciente entre nuestra sociedad, que no hace más que crear más inseguridad de la que ya existe.
Seguro que más de uno cuando paseamos por la calle, quitando importancia a la hora que sea, cruzamos de acera si vemos a un inmigrante extranjero, alguien de etnia gitana o simplemente algún vagabundo, evitando cruzarnos con el.

No nos sentimos seguros ni siquiera paseando por nuestra propia calle, pero debemos hacer un llamado a la calma y no dejarnos llevar por la histeria y la locura para no desencadenar hechos que pueden perjudicarnos a nosotros mismos.

Esta bien que estemos alerta para evitar males mayores, pero no puedo defender la actuación de estos vecinos de Córdoba que no atendieron a palabras y sólo pensaron en una "venganza" que no les correspondía, puesto que el "imaginativo" niño en ningún momento sufrió daños.

No podemos permitirnos el lujo de tomarnos la ley por nuestra cuenta, si todos y cada uno de nosotros lo hiciéramos esto sería un caos comparable a una guerra civil. Para que una sociedad funcione como tal debe haber un orden establecido y unas normas a seguir, que velen por un equilibrio que es indispensable.

No podemos alabar la actuación de estas personas, aunque podemos entender que de cada acción resulta una reacción, pero cuando no entendemos como se debe la acción, el resultado real es una reacción desmedida y en muchas ocasiones hasta peligrosa.
Las alarmas sociales no sirven para otra cosa que no sea crear más desconfianza e inseguridad. Cosa que no ayuda para nada.

Si nos dejamos llevar por ellas las consecuencias pueden ser lamentables, que hubiera pasado si alguno de estos jóvenes hubiera acabado mucho peor de como acabaron? Quién sería el responsable? El niño que se asustó y no pensó en las consecuencias de su comentario acerca de que le querían raptar? Los vecinos que se dejaron llevar por la alarma social? O los cinco jóvenes que por ser inmigrantes daban una sensación de inseguridad?

Realmente no se puede culpar a ninguno de ellos, la culpa la tiene la alarma social y aquellos que la crean y la engordan. Tenemos que pensar un poco más y reflexionar sobre las consecuencias que puede desencadenar una sociedad incontrolada o acabaremos pegandonos tiros los unos a los otros.

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